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lunes, 7 de agosto de 2017

El Silmarillion, de JRR Tolkien

Tolkien comenzó a escribir El Silmarillion mucho antes que El Hobbit, obra concebida como historia independiente, pero que fue parte de lo que él llamaba un «tema que copia y se ramifica», y del que emergió El Señor de los Anillos. 

El Silmarillion cuenta la historia de la Primera Edad, el antiguo drama del que hablan los personajes de El Señor de los Anillos, y en cuyos acontecimientos algunos de ellos tomaron parte, como Elrond y Galadriel.
Los tres Silmarils eran gemas creadas por Fëanor, el más dotado de los Elfos, y contenían la Luz de los Dos Árboles de Valinor antes de que los Árboles mismos fueran destruidos por Morgoth, el primer Señor Oscuro. Desde entonces la inmaculada Luz de Valinor vivió sólo en los Silmarils, pero Morgoth se apoderó de ellos, y los engarzó en su corona, guardada en la fortaleza impenetrable de Angband en el norte de la Tierra Media. 

En este volumen se incluyen otras obras cortas, como el Ainulindalë o la Música de los Ainur, la creación mítica del mundo, y el Valaquenta, sobre la naturaleza y poderes de los dioses. A El Silmarillion sigue el Akallabeth, que vuelve a narrar la caída del reino de Númenor al fin de la Segunda Edad, y por último la historia De los Anillos de Poder, en la que el tema de El Señor de los Anillos reaparece en la perspectiva más amplia de El Silmarillion. 

El Silmarillion no es una novela, ni un cuento de hadas, ni una historia ficticia. Podría definirse como una obra de imaginación inspirada, una visión sombría, legendaria o mítica, del interminable conflicto entre el deseo de poder y la capacidad de crear.

No estaba segura de si publicar una entrada sobre este libro en el blog. Estaba claro que una reseña no iba a ser, ¿cómo vas a reseñar y a poner nota a algo que es solo comparable a la Biblia? Aún así quería hablar de esta obra en el blog, así que lo haré sin poner nota ni un lo mejor/lo peor. No lo considero justo, teniendo en cuenta que ni siquiera estaba pensado para ser publicado hasta que Christopher Tolkien lo recopiló.

Algo que no se puede negar es que el Silmarillion es un libro que intimida. Es largo, es denso y está tan repleto de personajes que hay que estar consultando el árbol genealógico cada vez que aparece uno.
Y no hace falta que cuente la fama que tienen ese tipo de libros en Internet.

Pero una vez superada esa pequeña e insignificante dificultad se descubre una historia de proporciones épicas, unos personajes memorables y unos sentimientos que resulta muy difícil encontrar en libros de otros autores.

Pero empecemos por el principio.

Sí, el nombre del volumen es El Silmarillion, pero no todo está ocupado por el Quenta Silmarillion propiamente dicho. Está compuesto de varias partes diferenciadas: la Ainundalë, el Valaquenta, el Quenta Silmarillion, la Akallabêth y Sobre los Anillos de Poder y la Tercera Edad.
Sí, voy a hablar de todo.

Como no podía ser de otra manera, se comienza con la creación del mundo, la Ainundalë, la música de los Ainur. Y es una de las cosmogonías más bonitas que he leído. Arda, la Tierra Media, nació gracias a la música, y si eso no es maravilloso te reto a un duelo. Se presenta al Dios, Eru, el Único, al Mal, Melkor, y ya desde el principio se ve cómo estos dos luchan: el orden contra el caos, la consonancia contra la disonancia. Y cómo los Ainur, fascinados por el mundo que han creado, deciden entrar en él para llevar a cabo los designios de Eru. Es precioso, y la forma de escribir es increíble. Me encanta.

El Valaquenta habla de los Ainur que llegaron a Arda: los Valar y los Maiar. No tiene una trama, es solo una descripción de los Valar y sus características, así como las de algún Maia especialmente importante. Dicho así parece aburrido, un tostón, el infodumping temido, pero está tan bien escrito que a mí no me importa leerlo. Es más, lo he disfrutado muchísimo.

Y ya, por fin, llega el Quenta Silmarillion, la parte más larga de todo el libro con diferencia. Donde se habla de los primeros elfos, de la tierra de Valinor, de sus árboles, de su destrucción y de las joyas que consiguieron capturar su luz. Y de todo el lío que se montó por ellas, que no fue poco.
Los personajes del Silmarillion parecen los menos tolkienianos de Tolkien. No son del todo grises, pero no son del todo buenos tampoco. Se corrompen, sienten odio, muchos están malditos y hasta los más bondadosos cometen errores terribles. Los elfos son seres llenos de envidia, malditos, atormentados... y hay muy pocas excepciones. No son los elfos perfectos que se ven en otras obras basadas en la obra del autor.
También aparece la raza de los Hombres. Muchos se presentan como servidores de Melkor, pues este les engaña, aunque otros deciden ser amigos de los elfos ante las atrocidades del Vala. Se nota que no son los protagonistas, ya que la narración se centra solo en unos pocos. Ya se hablará de ellos en profundidad más tarde.
Entre los personajes humanos hay que destacar a Hareth, una guerrera que guio a su gente por toda Arda y que llegó a fundar una estirpe entera famosa por su fuerza y resistencia. No esperaba encontrar un personaje femenino así.

En el Quenta Silmarillion destacan dos capítulos: la historia de Beren y Lúthien y la de los hijos de Húrin. Son las que más se asocian con el Silmarillion y ambas tienen novelas en las que se tratan con más profundidad.
Beren y Lúthien, como todo el mundo sabe, es una historia de amor entre un humano y una elfa, y cómo estos luchan para estar juntos. Me sorprendió mucho, aunque ya la había leído antes, porque creía que Lúthien sería una dama en apuros, un trofeo a ganar.
En las historias de amor de caballería típicas se muestra a los enamorados ansiosos de estar juntos, pero mientras el caballero lucha por ganar el tesoro que le permitirá ganar a la doncella o lucha contra el dragón que la tiene presa mientras ella se queda esperando incapaz de hacer nada.
Eso no pasa aquí. Beren va a buscar el Silmarill que le permitirá desposar a Lúthien y ella va detrás. Se enfrenta al mismísimo Melkor y gana sin despeinarse. Es hermosa y dulce, pero tan poderosa que nadie se atreve a enfrentarse a ella. Desde luego, es mi personaje femenino favorito de la Tierra Media.

Los hijos de Húrin es una historia mucho más dramática. En este caso los protagonistas, Túrin y su hermana Nienor, son ambos humanos. No voy a entrar en demasiados detalles porque prefiero que la descubráis al leerla. Cuenta cómo los dos hermanos están malditos, se enfrentan a un dragón, pierden la memoria y mueren de la forma más trágica posible mientras su padre es obligado a mirar su destino desde la fortaleza de Melkor. El Drama por excelencia.

Una vez terminado el Quenta Silmarillion (tras grandes dosis de drama porque los elfos son unos intensitos) llegamos al Akallabêth, que ya versa en exclusiva sobre los hombres. Cómo construyeron la gran y resplandeciente ciudad de Númenor y cómo cayó gracias al miedo más humano de todos: la muerte. Es curioso, porque ya en la época de esplendor se puede ver que eso no iba a acabar bien, y ni siquiera los esfuerzos de los más justos lograron evitar el desastre. Una historia trágica y que da qué pensar sobre la Atlántida de la Tierra Media.

Y, por fin, el final, donde se cuenta sobre los Anillos de Poder, la Última Alianza entre los Elfos y los Hombres y los eventos inmediatamente anteriores al Señor de los Anillos. Mucho de lo que se cuenta aquí ya aparece en el Hobbit y en El Señor de los Anillos, pero es interesante verlo tan detallado. Eso es un escritor que se curra el worldbuilding y lo demás son tonterías.

En resumen, ¿recomiendo leer el Silmarillion? Desde luego. Muchos recomiendan leerlo poco a poco, como si fuera un conjunto de historias, aunque yo no estoy del todo de acuerdo. Sí, es denso y sí, hay que tener valor para leerlo como se leería una novela normal, pero si se lee de a pocos se corre el riesgo de olvidar los personajes. Y eso es algo terrible, pues una vez que se olvidan los personajes se pierde de todo el libro. Yo lo leí de seguido, como una novela, y he sobrevivido, así que se puede hacer. Lo suyo es ir apuntándolos en un árbol genealógico para no perderse.

Eso sí, si aún no habéis leído nada de la Tierra Media, no recomiendo empezar por aquí, mejor escoger El Hobbit o El Señor de los Anillos antes de adentrarse en El Silmarillion. Se entenderá mejor y no quitará las ganas de leer el resto de libros del autor. 


4 comentarios:

  1. Yo también lo leí de corrido, aunque claro que sigue siendo mucha información para asimilar. Esta obra necesita al menos tres buenas leídas para captarlo todo y cada una sigue siendo tan maravillosa. Para mí, esta es la gran obra del Profesor, más que El Señor de los Anillos. Una pena que no pudiera completarla.

    Saludos!

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    1. Sí, desde luego. Recuerdo mi primera lectura, en la que cuando llegué al final lo del principio ya se me había olvidado ^^'
      Sí, desde luego era de lo que estaba más orgulloso. Tantos personajes, tantas historias y tanto contenido emocional... Ay, es que es magnífico.
      ¡Nos leemos!

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  2. Holaaa
    Tengo pendiente a Tolkien desdde hace tiempo, pero te haré caso y comenzaré con otro de los libros para no tener problema
    Muchas gracias por tu reseña ^^
    Un besazo!

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    Respuestas
    1. ¡De nada!
      Ánimo con Tolkien. Puede parecer un poco pesado al principio pero es una maravilla. ¡Seguro que te encanta! ^^
      ¡Nos leemos!

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